España en estado de excepción hace 50 años

ARTURO DEL VILLAR*

EL viernes 24 de enero de 1969 el Consejo de Ministros presidido por el dictadorísimo aprobó un decreto--ley de sólo tres artículos, suficientes para declarar el estado de excepción en todo el territorio nazional durante tres meses. Quedaron suspendidos los artículos del Fuero de los Españoles que teóricamente permitían las libertades de residencia, expresión, reunión, asociación y sobre detenciones y registros, todos ellos inexistentes en la práctica cotidiana. Se recuperó la censura previa a todos los impresos, que estuvo vigente desde 1938 hasta la entrada en vigor el 9 de abril de 1966 de la Ley de Prensa e Imprenta: esta ley abolía la censura previa, pero no la responsabilidad de autores y editores que publicasen algo considerado contrario a las leyes dictatoriales, de modo que el régimen hacía una de sus piruetas inmundas para fingirse democrático.

Al dar cuenta de esta decisión el portavoz el Gobierno fascista, Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo, o Difamación y Cinismo según la voz popular, culpó a unos agentes extranjeros de la situación crispada en que estaba el país. Era la cantinela favorita del régimen, para explicar el rechazo de la ciudadanía esclavizada a la dictadura. En la inmediata posguerra el dictadorísimo culpaba de todos los incidentes sociales a “la conspiración judeo—masónica orquestada por Moscú, que no le perdona a España haberla derrotada en nuestra gloriosa Cruzada”. De tanto escucharla ya sabíamos de memoria esa explicación antes de que la repitiera.

El estado de excepción en realidad lo sufría España desde el 1 de abril de 1939, cuando los militares monárquicos triunfaron en la guerra organizada tres años antes por ellos y sus patrocinadores nazifascistas europeos. El decreto—ley simplemente lo ratificaba, porque ninguno de los artículos suspendidos tenía aplicación real en la inmensa cárcel en que estaba convertida entonces España. Los vasallos que soportábamos sufridamente la tiranía no encontramos ninguna diferencia en el antes y el después del 24 de enero de 1969.

LA PROTESTA UNIVERSITARIA

Fraga Iribarne, el servilón más leal del dictadorísimo, continuó ese tono habitual de su amo, para justificar la aprobación de la teórica excepcionalidad debido a las “acciones minoritarias, pero sistemáticamente dirigidas a turbar la paz de España y su orden público”, un orden protegido por la terrorífica Brigada Político Social, ante la que no valía ninguna coartada ni explicación.

Añadió el ministro predilecto del dictadorísimo que las fuerzas subversivas enemigas del régimen español empleaban “una estrategia en la que se utiliza la generosidad ingenua de la juventud, para llevarla a una orgía de nihilismo, de anarquismo y de desobediencia”. Aquí se demuestra la florida oratoria que Fraga usaría más tarde en el partido teóricamente democrático que fundó con el nombre de Alianza Popular, después rebautizado Partido Popular, como heredero de la Falange en que militaban sus adeptos. Se despojó del uniforme de jerifalte del llamado Movimiento, pero no recicló su ideario. Al revés, lo exageró más para ordenar disparar contra obreros pacíficos a las fuerzas brutas sobre las que mandaba.

Conviene recordar la verdad de los acontecimientos, porque van disminuyendo los testigos de la época. En la Universidad de Madrid los estudiantes, que no tenían nada de ingenuos, protestaban todo lo violentamente que era posible entonces, por el asesinato disfrazado de un compañero, Enrique Ruano, alumno de la Facultad de Derecho y afiliado al Frente de Liberación Popular, conocido popularmente como el Felipe por sus siglas FLP.

UN CRIMEN MÁS SIN CASTIGO

Detenido por la Brigada Político Social fue conducido por tres agentes, el 20 de enero de 1969, a un edificio de la calle entonces dedicada al General Mola (hoy Príncipe de Vergara). Según la versión policial, pretendían registrar un domicilio en el séptimo piso del inmueble, en el que esperaban encontrar pruebas incriminatorias contra el detenido, cuando el estudiante previamente torturado se libró de sus tres guardianes, aunque su complexión no tenía nada de atlética, y se lanzó al vacío, lo que inevitablemente le causó la muerte.

Nadie creyó esa explicación increíble, por lo que se originó una ola de protestas en la Universidad. Se reclamaba justicia, mediante pintadas, quema de banderas rojigualdas simbolizadoras de la dictadura, y rotura de algunos muebles. Era la protesta contra el crimen cometido por los esbirros del dictadorísimo que llevaba treinta años asfixiando a los españoles. No había nada de ingenuidad en esa protesta. Era una forma de oponerse al fascismo que padecíamos, sin que ninguna organización extranjera interviniese para nada en las reclamaciones de libertad. Ojalá lo hubieran hecho, pero la dictadura resultaba muy conveniente para los intereses gringos. Estábamos abandonados, como lo estuvo la Republica durante la guerra.

Ante el escándalo mayúsculo, el régimen intentó enfangar la memoria de Enrique Ruano, publicando unos párrafos presuntamente sacados de su diario, en los que declaraba hallarse deprimido y sentir ideas de suicidio. Un repulsivo redactor del diario archimonárquico y protofascista Abc, recordemos su vergonzoso nombre: Alfredo Semprún, publicó en el mismo panfleto un miserable artículo en el que defendía las tesis de la policía para fundamentar el suicidio. Esta acción ruin encrespó más a los universitarios., que continuaron sus muestras de rechazo al fascismo sin temor a las consecuencias de sus actos.
La misma tarde en que se acababa de dar a conocer la declaración del estado de excepción, desafiando a la terrorífica policía del régimen, grupos de valerosos universitarios cortaron el tráfico en la calle de Serrano, tiraron bancos y papeleras y apedrearon el edificio que entonces albergaba a las ratas disfrazadas de redactores del Abc.

LA EXCEPCIÓN PROLONGADA

El estado de excepción terminó oficialmente el 24 de marzo de 1969, pero continuó de hecho, como venía sucediendo desde 1939. Convenía dar un aspecto de normalidad a la anormalidad de la dictadura, porque el dictadorísimo preparaba el decreto, que como suyo era indiscutible, para perpetuar su régimen genocida cuando él falleciese. Todos estábamos seguros de que moriría en la cama rodeado de cardenales, porque aquí nadie se atrevía a organizar un atentado serio contra él. Pero un día tendría que morirse por razones biológicas inexcusables, y quería, como él mismo afirmó, dejarlo todo atado y bien atado para que el sistema genocida se perpetuase.

Contaba con el hombre idóneo para ejecutar sus planes, Juan Carlos de Borbón y Borbón, al que estaba educando como delfín y sucesor a título de rey. Y así, el 23 de julio de 1969, en un país aparentemente calmado, superada la excepcionalidad vigente hasta el mes de marzo, el elegido acudió a las llamadas Cortes Españolas para jurar lealtad al dictadorísimo y fidelidad a sus leyes contrarias a las libertades y los derechos más elementales. Y así seguimos, sin necesidad de declarar oficialmente un estado de excepción, porque todo cuando sucede en España desde el 1 de abril de 1939 es ilegal y en consecuencia excepcional. Pero eso no le importa a nadie en el mundo.


*PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO      


Comentarios
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Alf   |2019-01-25 22:28:39
Estudiar la dictadura criminal fascista española, 1939-1975, y su secuela
borbónica y partidista el PPSOE, es igual que estudiar la Inquisición, son
enfermedades sociales inexplicables a la luz de la actualidad, porque lo de
injustificable no merece comentarlo, sirvieron a un fin, acobardar a un pueblo
mientras se le masacraba, torturaba y repimía
Alf   |2019-01-25 22:28:40
Estudiar la dictadura criminal fascista española, 1939-1975, y su secuela
borbónica y partidista el PPSOE, es igual que estudiar la Inquisición, son
enfermedades sociales inexplicables a la luz de la actualidad, porque lo de
injustificable no merece comentarlo, sirvieron a un fin, acobardar a un pueblo
mientras se le masacraba, torturaba y repimía
Alf   |2019-01-25 22:28:41
Estudiar la dictadura criminal fascista española, 1939-1975, y su secuela
borbónica y partidista el PPSOE, es igual que estudiar la Inquisición, son
enfermedades sociales inexplicables a la luz de la actualidad, porque lo de
injustificable no merece comentarlo, sirvieron a un fin, acobardar a un pueblo
mientras se le masacraba, torturaba y repimía
polifemo   |2019-01-25 22:29:37
imaginaros, si ahora hay pederestaría clerical, imaginaros siglos atrás
polifemo   |2019-01-25 22:29:39
imaginaros, si ahora hay pederestaría clerical, imaginaros siglos atrás
tribal   |2019-01-25 22:31:45
lo de los borbones impuestos es de nota, pero que el partido de derechas que ha
gobernado España, y puede volver a gobernarla, sea uno de los más infames
ministros de Franco es de sobreasliente
tribal   |2019-01-25 22:35:20
lo de los borbones impuestos es de nota, pero que el partido de derechas que ha
gobernado España, y puede volver a gobernarla, sea el creado por Fraga
Iribarne, uno de los más infames ministros de Franco es de sobreasliente
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