¿Y qué opina Juan Carlos?

Arturo del Villar

DESDE que el Gobierno que padecemos anunció el 24 de agosto de 2018, por boca de su portavoz, Carmen Calvo, su intención de exhumar la momia corrupta del dictadorísimo de su faraónica instalación en Cuelgamu-ros, se han pronunciado opiniones de todos los gustos por los más diversos personajes, civiles y eclesiásticos, de la vida nazional. Sin embargo, no ha dicho nada Juan Carlos de Borbón y Borbón, pese a ser el más indicado pa-ra opinar.

Lo es porque fue su más directo colaborador cuando era príncipe de Es-paña por decisión dictatorial, una vez que le juró lealtad a su menguada persona y fidelidad a sus leyes genocidas el 23 de julio de 1969. Desde en-tonces se comportó como el vicedictadorísimo del Estado, y además actuó como dictadorísimo interino, por enfermedad del titular, del 19 de julio al 2 de setiembre de 1974, y del 30 de octubre al 22 de noviembre de 1975, día en que fue proclamado rey de todos los sumisos españoles que no pudimos expresar nuestra opinión, después de volver a jurar fidelidad a las leyes ge-nocidas proclamadas por la voluntad omnímoda del dictadorísimo.    

Aquel tristísimo día para la historia de España el proclamado tartajeó, se-gún costumbre, su primer discurso como rey impuesto al pueblo español, y entre otras cosas reafirmó su fidelidad inquebrantable al embalsamadísimo con estas sentidísimas palabras:

Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nun-ca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su exis-tencia a su servicio. 

Es cierto que quienes sufrimos los 36 años de criminal dictadura nunca podremos olvidarlos, ni tampoco los familiares de quienes murieron en la guerra organizada por él y otros militares monárquicos rebeldes, ni los des-cendientes de los asesinados por su régimen durante esos 36 años infames de nuestra historia, ni los herederos de aquel medio millón de leales repu-blicanos obligados a exiliarse para salvar la vida ante la barbarie genocida impuesta en la patria traicionada.

EL REY RESPETUOSO

Comprendemos el “respeto y gratitud” que Juan Carlos de Borbón y Bor-bón debe a su padrino, puesto que le designó su sucesor a título de rey sin molestarse en indagar la opinión del pueblo español, que nunca le importó porque para eso lo había derrotado en una guerra en la que resultó procla-mado dictadorísimo. Es lógico, pero resulta por ello mismo abominable que alabase el que “durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado”. A los españoles nos hubiera gustado muchísimo que no la asumiera por su todopoderosísima voluntad, como consecuencia de haber ganado la guerra que él mismo y sus compinches organizaron en 1936.

Para él no resultó pesada, sí para nosotros, sus víctimas. A él le prepara-ban los esbirros manifestaciones de “adhesión inquebrantable” en todos los lugares que visitaba, y periódicamente en la madrileña plaza de Oriente. Además lo llevaban bajo palio, honor reservado hasta entonces a la hostia consagrada, los cardenales y obispos bendecidores de su régimen inhuma-no. Y hasta el papa Pío XII le concedió el Collar de la Orden Suprema de Cristo en 1953, como hijo fidelísimo de esa Iglesia corrupta.

También entendemos que su primera actuación como rey fuese ir a rendir pleitesía a la momia expuesta en el Palacio de Oriente, y que presidiera con brazalete negro en su traje militar los solemnísimos funerales oficiados el domingo 23 por el cardenal primado, Marcelo González, y el traslado a Cuelgamuros, en donde continuó representándose la fantochada religiosa en honor de uno de los más sanguinarios criminales de nuestra historia.

Asimismo interpretamos como lógico que el día 20, al anunciarse su muerte, Juan Carlos de Borbón y Borbón y su mujer se trasladasen al pala-cio de El Pardo, residencia usurpada por el dictadorísimo, para acompañar a la familia. No nos sorprende tampoco que concediera a su viuda el título de señora de Meirás con grandeza de España, por el nombre del palacio que robaron a los gallegos, y que crease el Ducado de Franco también con gran-deza de España para su hija Carmen. Qué putrefacta está la grandeza espa-ñola, y qué agradecido es Juan Carlos de Borbón y Borbón a la memoria de quien le sentó en el trono sin preguntar al pueblo español si estaba de acuerdo: por que iba a hacerlo cuando le obedecían inquebrantablemente los militares de los tres ejércitos, los guardias civiles, los policías, los car-celeros, los magistrados, los jueces, los fiscales y toda la clerigalla catolico-rromana.


¡QUE HABLE, QUE HABLE!

Todo eso es natural como muestra de gratitud a su padrino político. Segu-ramente es el agradecimiento lo que le ha motivado para cumplir los jura-mentos de lealtad y fidelidad que le hizo, para perpetuar su régimen fascista genocida con las leyes contrarias al pueblo. Como que es la primera vez que un Borbón ha cumplido un juramento. Por lo mismo está obligado a expresar su opinión acerca de la decisión tomada por el Tribunal Supremo de Justicia este 24 de setiembre de 2019, exactamente 44 años después de aquellos acontecimientos trascendentales, aceptando la exhumación de la momísima de su faraónica tumba y el traslado a otro lugar menos insultante para el pueblo español que padeció la guerra y la dictadura.

Ha opinado hasta mi asistenta, que asegura ser apolítica, porque todos los políticos del reino a los que ve en la televisión le parecen igual de impre-sentables, pero en cambio Juan Carlos de Borbón y Borbón no ha abierto el real pico de oro que le caracteriza, para ilustrar al pueblo. Seguro que so-mos muchos los españoles que aguardamos su ponderado dictamen con mucha expectación, menos mi asistenta.

Y si por fin se traslada la momia a otro lugar, ¿presidirá él la ceremonia, igual que hizo aquel inolvidable domingo 23 de setiembre de 1975? Des-pués de tantos juramentos de adhesión y fidelidad está obligado a hacerlo, pese a su decrépito estado desde que le abandonó su “amiga entrañable”, la falsísima princesa Corinna zu—Sayn Wittgenstein que tan carísima nos ha costado. ¿Y si la entierran en una zanja de cualquier camino, como hicieron sus esbirros con los republicanos fusilados sin causa? En este caso sí habría causa.

ARTURO DEL VILLAR

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO


Comentarios
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opinará que   |2019-09-25 11:49:56
ande yo calente critíqueme la gente, menudo elemento sin principios
elpiratarobert   |2019-09-25 11:51:41
no cuadra mucho con la concesión del ducado de Franco a la nieta del genocida,
con su destierro al Pardo por ser quien era
goyito   |2019-09-25 22:00:04
su mayor heredero, al que dejó un reinno, no sabe no contesta
goyito   |2019-09-25 22:00:08
su mayor heredero, al que dejó un reinno, no sabe no contesta
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