El LXXX Desfile de la Victoria

Arturo del Villar

EL dictadorísimo quería que el pueblo español se mantuviera sumisa-mente sometido a su régimen criminal, y para ello todos los años le recor-daba que estaba al frente del Estado por haber vencido en una guerra, y mantenía a las tropas fascistas dispuestas a volver a destruir la nación si se desmandaba. De modo que organizaba el llamado Desfile de la Victoria, con su orden en números romanos a partir del primero, como recordatorio de que el Ejército continuaba teniendo a punto las armas de guerra para volverlas contra el pueblo si quería, como hizo en 1936.

El primer Desfile de la Victoria tuvo lugar en el Madrid vendido y ven-cido, pero no derrotado, el viernes 19 de mayo de 1939, declarado día fes-tivo para que todos los madrileños acudieran a presenciarlo. Y lo hicieron, para evitar ser denunciados como “rojos”, denominación habitual para los vencidos. Según las crónicas periodísticas fue un acto esperpéntico: todos los comercios tenían en los escaparates fotografías del dictadorísimo, con su nombre triplicado y el lema “¡Arriba España”, y banderas rojigualdas. En todos los balcones lucían colgaduras rojigualdas.

Comenzó la ceremonia con la imposición de la Gran Cruz Laureada de San Fernando al dictadorísimo, concedida por sus compañeros y el exrey Alfonso de Borbón, quien declaraba en un escrito que se ponía a sus órde-nes para realizar la tarea de recuperación de España.
Desfilaron los militares rebeldes, con sus auxiliadores nazifascistas, la Legión Cóndor alemana, el Corpo di Truppe Volontarie italiano (popular-mente conocido por sus iniciales como “Cuándo Te Vas”), y los viriatos portugueses, esos combatientes a los que no había querido ver el canalla y cobarde Comité de No Intervención que abandonó a la República, defendi-da únicamente por la Unión Soviética y los Estados Unidos Mexicanos.

LA GUERRA NO HA TERMINADO
Terminado el desfile se celebró un almuerzo en el Palacio de Oriente. Al finalizar el dictadorísimo pronunció un discurso de autoexaltación, con ad-vertencias acerca de la estabilidad del régimen, y la declaración de que la guerra no había terminado, por lo que anunció que continuaría la elimina-ción de los enemigos, como efectivamente lo hizo. En realidad la guerra no terminará hasta que España recupere la legalidad arrebatada por ese Ejérci-to rebelde, hasta que vuelva la República.

Al día siguiente, sábado 20 de mayo de 1939, se escenificó la alianza en-tre los militares rebeldes y la Iglesia catolicorromana, en la iglesia madrile-ña de Santa Bárbara. Asistieron los generales vencedores del pueblo y vein-te obispos, presididos por el inmundo cardenal primado de las Españas, el archifascista Isidro Gomá, el que calificó de cruzada religiosa a la guerra originada por la sublevación de los militares monárquicos contra la legiti-midad republicana. El dictadorísimo hizo su entrada triunfal en el templo bajo palio, un honor reservado a la hostia consagrada.

La solemne ceremonia, entre militar y religiosa, comenzó con el canto del Te Deum, siguió con una misa pontifical y la unción del dictadorísimo, se-gún la tradición de los reyes judíos. El dictadorísimo genocida entregó al cardenal Gomá su espada, con la que al parecer había combatido y vencido. El primado bendijo y abrazó al militar, que desapareció entre sus brazos: alto, grueso y fuerte, revestido con los ornamentos litúrgicos que le hacían parecer más enorme todavía, Gomá eclipsó la minúscula figura del dictado-rísimo entre sus brazos: bien podía calificarse de abrazo del oso. Después pronunció una alocución patriótica que es preferible olvidar. Mandó a sus subordinados que colocasen la espada en una vitrina, dentro del llamado Tesoro de la catedral de Toledo, junto con las palabras que en la ocasión dijeron los dos caudillos de la victoria, un sacrilegio comprensible en quien utilizó la cruz emblemática del cristianismo para disfrazar a todo un ejérci-to sanguinario represor.

La vitrina quedó enriquecida el 16 de julio, con una cruz pintada por fra Angelico, regalo del dictador fascista Mussolini. Se la entregó al primado el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Galeazzo Ciano. Ordenó el pri-mado que fuese acomodada en el Tesoro entre las espadas invencibles del rey Alfonso VI y del exgeneral Franco.

Es contrario al espíritu cristiano exhibir armas de guerra en un templo religioso, aunque en la mentalidad de Gomá la guerra librada en España por el fascismo internacional contra el pueblo había sido santa, una cruzada en defensa de los privilegios eclesiásticos contra quienes los recortaban. Y puesto que las cruzadas medievales contra los mahometanos fueron organi-zadas por papas romanos, era imposible poner en duda su religiosidad. La última cruzada fue dirigida por el inútil rey Luis IX de Francia, y aunque resultó un fracaso, como las anteriores, la Iglesia catolicorromana le ha de-clarado santo. En consecuencia, cualquier papa fanático, es decir, cualquie-ra, elevará a los altares al dictadorísimo.

EL EJÉRCITO VICTORIOSO SIGUE DESFILANDO

A partir de 1940 los desfiles de la victoria se celebraron el 1 de abril, ani-versario para conmemorar el inicio de la dictadura fascista sobre el vencido pueblo español. Se hizo una distinción en 1964: ese año estuvo dedicado a los fastos de los llamados XXV Años de Paz, una delirante sucesión de fes-tejos organizados a la manera fascista italiana por el ministro de Informa-ción y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, el asesino de obreros. Por eso se le denominó excepcionalmente el Desfile de la Paz, y fue presidido por el dic-tadorísimo y su pupilo Juan Carlos de Borbón y Borbón, que estaba enton-ces preparándose para sucederle a título de rey.

El futuro sucesor después de jurarle fidelidad a su exigua persona y lealtad a sus leyes genocidas, des-filó algunos años como abanderado de las academias en las que aprendió los ideales del Ejército rebelde, y en otras ocasiones presidió el desfile jun-to a su patrocinador y maestro.

La costumbre de mostrar al pueblo el poderío del Ejército que lo derrotó en 1939, y que está preparado para volver a hacerlo si así lo estima conve-niente, perdura durante la monarquía del 18 de julio instaurada por el dicta-dorísimo para perpetuar su régimen, aunque desde 1977 se ha cambiado la denominación de Desfile de la Victoria por la de Desfile de las Fuerzas Armadas, pero su intencionalidad y desarrollo siguen al modelo de 1939.


Así que este 2019 tendrá lugar el LXXX Desfile de la Victoria, para per-petuar el espíritu de la sublevación de los militares monárquicos traidores a su juramento de fidelidad a la República. Aquellos rebeldes están muertos, pero los sucesores mantienen su ideario desde el rey al último cabo, no tan-to la tropa porque se compone de mercenarios ignorantes de la historia de España. Una historia truncada por un golpe de Estado, que inicialmente fue rechazado por la comunidad internacional, pero desde 1953 admitido por la presión del Estado Vaticano y de los Estados Unidos de América, en su propio beneficio. Una España que nos duele a quienes sufrimos la dictadura y padecemos su sucesión a título de monarquía, porque es irreal al ser real.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DE COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO  

Comentarios
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santos   |2019-10-10 12:37:25
reprobable por completo
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