Paco papa pío

Arturo del Villar

NOS conmovería la carta enviada por Christophe Pierre, nuncio del supuesto Estado Vaticano en los Estados Unidos de América, a Michael J. Parson,  gobernador de Missouri, si no conociéramos la criminal historia de la secta catolicorromana. Escribe el nuncio: “En nombre del papa Francisco le pido sinceramente que detenga la ejecución programada del señor Ernest Johnson. Esta petición desea centrarse en la humanidad del señor Johnson y en el carácter sagrado de toda vida humana.” Fue condenado a morir el próximo 5 de octubre mediante una inyección letal, considerado culpable de matar a tres personas en el asalto a un supermercado.

Que el máximo representante de la organización sanguinaria denominada Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición mencione “el carácter sagrado de toda vida humana” es indignante, cuando su historia está condenada por la quema en las plazas públicas de los acusados de ser herejes, protestantes, judíos, mahometanos, homosexuales, brujos, y también traductores de la Biblia latina a los idiomas vulgares, de imprimirla, distribuirla, adquirirla o leerla. Previamente fueron sometidos a crueles torturas para que confesasen lo que deseaban escuchar los verdugos.

Es imposible conocer el número de víctimas asesinadas religiosamente por la Inquisición. En España estuvo vigente entre 1478 y 1834, con un poder omnímodo, porque los reyes protegían al Tribunal para librarse de sus enemigos por cualquier acusación. Una de las inicuas características del fatídico Tribunal consistía en que aceptaba las delaciones anónimas. Sin más prueba detenía a los señalados, exigiéndoles que se expresaran acerca de una acusación que no le exponían. El sacerdote  secretario del fatídico Tribunal, Juan Antonio Llorente, incapaz de resistir tantos delitos, se exilió en Francia en 1813, y en París publicó entre 1817 y 18 sus opiniones y recuerdos en una Histoire critique de la Inquisition espagnole, en donde facilita la cifra de 32.000 quemados. Nadie conocía mejor que él las interioridades del Tribunal, pero algunos historiadores ponen en duda esa cantidad y proponen otras, sin documentación.

El papa Paco es el heredero de los inquisidores. No necesitamos descubrir el número exacto de víctimas, porque sea cual fuere son demasiadas Y no se puede olvidar que un antecesor suyo, Pío IX, firmó la sentencia de muerte de los patriotas italianos Giuseppe Monti y Gaetano Tognetti. Sin duda ignoraba “el carácter sagrado de toda vida humana”. Ese Pío IX fue el primer papa al que el Concilio Ecuménico Vaticano I declaró infalible. Estos papas que aseguran ser infalibles no saben lo que dicen.

Eran los años en que los italianos pretendían unificar su país y expul-sar a los ocupantes extranjeros. Al papa se le llamaba el papa--rey porque dominaba los llamados Estados Pontificios como cualquier monarca, un impedimento para unificar a Italia bajo un único rey. El 22 de octubre de 1867 explotaron dos barriles de pólvora negra en el cuartel romano de Serristori, en donde se alojaban los zuavos pontificios, causando la muerte de 25 soldados. En las guerras suceden acciones así, y peores

Una delación señaló como culpables del atentado a los patriotas Giuseppe Monti y Gaetano Tognetti. Fueron detenidos y encarcelados en las prisiones pontificias. Condenados a muerte, el papa Pío IX firmó la sentencia, sin importarle “el carácter sagrado de toda vida humana”. Resultaron inútiles las peticiones de clemencia. El 24 de noviembre de 1868 fueron guillotinados. Este crimen pontificio causó una gran polémica, al considerar algunos ingenuos que el papa no debía firmar sentencias de muerte. La revista de los jesuitas mal llamada La Civiltà Cattolica, en el “Quaderno 450”, comentó el suceso favorablemente para la decisión papal.

Curiosamente, el papa Paco es jesuita, pero sostiene un criterio sobre la pena de muerte opuesto al defendido por esa revista publicada todavía hoy por la orden a la que pertenece, y también por Pío IX. No es sorprende, porque Paco tiene muy demostrada su ignorancia sobre las materias religiosas. En 1870  se logró la unificación italiana, que Pío IX  se negó a reconocer y se declaró preso en sus palacios. A Monti y Tognetti les hicieron homenajes que podían ser considerados bofetadas en la cara del papa. ¿Qué puede comentar Paco acerca de las sentencias de muerte papales? 

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO


Comentarios
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una lacra   |2021-10-04 22:28:05
la iglesia católica asesinó durante siglos a miles de personas fisicamente, y
a millones intelectualmente
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