La historia golfa de Adonais

Arturo del Villar

SE exhibe en la Biblioteca Nacional una exposición titulada “Premio de poesía Adonáis. 75 aniversario. Edicions Rialp”, la empresa editorial de la secta del Opus Dei utilizada para pervertir mentalidades fáciles con sus mensajes. La colección Adonais se había escrito siempre sin acento, pero algún ignorante jerifalte de la secta habrá considerado que debe llevarlo.

Hubiera hecho mejor la Biblioteca Nacional conmemorando el segundo centenario de Adonais, el gran poema compuesto por Percy B. Shelley a la muerte de su amigo John Keats, acaecida el 23 de febrero de 1821, a los 25 años, víctima de la tuberculosis, el mal del siglo XIX.
O al menos podía relatar la verdadera historia de la colección Adonais  fundada en 1943 por Juan Guerrero Ruiz, el secretario oficioso de Juan Ramón Jiménez, en su modesta Editorial Hispánica. Se la compró Ediciones Rialp en 1946, para tener un dominio sobre la poesía española.

No fue premio Adonais.

Así queda en la historia de Adonais la vergüenza (si el Opus Dei la pudiera sentir, cosa imposible) de no haber premiado en 1949 un libro llamado a cambiar el rumbo de la poesía castellana: Ángel fieramente humano, de Blas de Otero, el poeta español más destacado en la segunda mitad del siglo XX. Los miembros del jurado lo eligieron por unanimidad, excepto  Florentino Pérez Embid, director de Rialp, numerario del Opus, miembro del Consejo Privado del aspirante Juan de Borbón, y sicario de la dictadura, quien calificó al poemario de blasfemo y prohibió que se galardonase.

El director de la colección, José Luis Cano, vinculado también a la revista, editorial y librería Ínsula, le propuso a Otero publicarlo bajo el sello de Ínsula, y así apareció en 1950. Es el mayor error de Adonais, por haber cedido a las consignas nazionalcatólicas de la secta, a la que no le importa nada la poesía, ni la cultura en general, sino como método proselitista. Dado el poder de la secta, como lo demuestra esta misma exposición, consigue difundir el premio en los medios de comunicación de masas, por lo que todos los jóvenes escritores de versos aspiran a ganarlo. La verdad es que el premio se halla totalmente desprestigiado, hundido por la política sinuosa del actual director de la colección, Carmelo Guillén Acosta, numerario de la secta, que cuando escribe versos parece que toca la guitarra, y cuando toca la guitarra parece que escribe versos, porque todo lo hace igual de mal.

JUEGO DE DAMAS

No fue un error, sino una desvergüenza, la concesión del premio correspondiente a 1950 a un libro titulado Dama de soledad, firmado por Juana García Noreña, que después resultó ser el seudónimo de una muchacha de 24 años llamada realmente Angelines Fernández de la Borbolla. Sin embargo, ella no era la autora, sino uno de los miembros del jurado que le concedió el premio, José García Nieto, lo cual constituye una grandísima canallada, una burla a todos los concursantes.

Además de buscar un seudónimo en que las iniciales de lo dos presuntos autores coincidieran, J. G. N., un poema acróstico revela el nombre de García Nieto, uno de los bardos de la dictadura, director del panfleto propagandístico Mundo Hispánico, dedicado a intentar difundir los programas de la dictadura española en Latinoamérica. Por esa tarea cosechó los más importantes premios nazionalistas, hasta recibir el Cervantes en 1996, cuando ya era un muerto viviente, inmovilizado en una silla de ruedas y cayéndosele la baba, como agradecimiento por los servicios prestados.

La única pretensión de García Nieto consistía en garantizarse los favores sexuales de la supuesta poetisa, a cambio del favor de convertirla en personaje famoso durante unos días. Era la distracción favorita del poeta, que compartía con Francisco Umbral un picadero en la calle de la Escalinata, frente al estudio de mi amigo el pintor Julián Santamaría, por lo que coincidí con ellos varias veces, y estaba al tanto de cuanto allí sucedía.

Pero se equivocó con Juana o Angelines, que tenía otras debilidades. Por eso se retiró a vivir en el palacio señorial de Cuéllar heredado por la poetisa Alfonsa de la Torre, junto con una gran fortuna. Y así pasaron la vida en paz y felicidad y poesía cada día. Lo que queda de esta historia vergonzosa es Dama de soledad, un poemario formalista típico de esa época, hasta que la influencia de Blas de Otero dignificó la poesía, pese a los intentos del Opus Dei para impedirlo.

ARTURO DEL VILLAR
PRESDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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