¡Que se vayan!

En el año 2001, y como respuesta social a la enésima crisis en Argentina, miles de personas salieron a la calle pese a que el Presidente Fernando de la Rúa había decretado horas ante el estado de sitio. La consigna que cuajó con rapidez y que resumía a la perfección el estado de ánimo de la población, fue «que se vayan todos, que no quede ni uno solo». Era una forma directa de repudiar a toda una clase política que había hecho de la corrupción y de las prebendas su única razón de ser.

De algún modo, el 15-M trajo en el estado español un grito similar: «que no, que no, que no nos representan» se gritó en las calles y plazas. El sistema tuvo la capacidad de absorber en ambas realidades históricas el peligro, y volvió a llenar los parlamentos con señorías que, por arte de birlibirloque, no se fueron y empezaron a representar (¿?) a los demandantes de cambios.

La incrustación sí o sí de una monarquía en la nueva realidad patria a partir de 1975, para cumplir con los deseos confesos de Franco, el poder económico y la iglesia, vino acompañada de una publicidad permanente para que el pueblo comenzase a querer a su nuevo líder. Si usted no es o no entendía lo de la monarquía, hágase «juancarlista», una forma de decir que con ese talante campechano «juanca» estaba por encima del bien, del mal y hasta de la propia corona.

Y allí, a Zarzuela fueron durante años empresarios, sindicalistas comprados, deportistas, banqueros, aristócratas, embajadores, políticos al uso y cardenales. Toda un listado de personajes dispuestos a agachar la cabeza y doblar la rodilla para rendirle pleitesía al tal Juan Carlos I. Una imagen renovada con algo similar con lo que hasta hace nada habían hecho con Franco. El caso es respetar, admirar y obedecer al Jefe de Estado con foto de por medio, sea este quien sea, aunque como en el caso de Franco/Juan Carlos y Felipe, no los haya votado nadie.

Hoy, los «juancarlistos» se hacen los disimulados y olvidadizos ante la confirmación de quién es en realidad el Borbón, y raudos -antes de que se caiga el tinglado- envían el mensaje a la sociedad que su hijo, Felipe VI, no es lo mismo. Se le ve más preparado, con otro talante, más moderno, habla idiomas, ha renunciando a la herencia de dineros opacos de su padre, y están a un paso incluso de hacer público su nueva religión: el «felipismo». No creemos que para tamaña renovación  los detenga siquiera la mención colateral a Felipe González que trae el término. La nueva adhesión inquebrantable no se va a detener en cuitas menores, y al fin y a la postre, también el tal González es uno de los suyos.

Comentarios
Añadir nuevo
Anónimo   |2020-07-09 14:37:01
un referendum y se acaba la monarquía
borbones go home   |2020-07-09 21:30:34
no se les quiere m, que se vayan
santos   |2020-07-09 21:43:43
Lo que deberia hacer Felipe es mostrarse.a.favor de la república y permanecer
de jefe del estado provisonal hasta la reforma constitucional y las consecuentes
elecciones.

Luego, que se.presente si quiere.
Nombre:
Email:
 
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:
 

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 

El Bueno

EL FEO

EL MALO

UNO QUE PASABA POR AQUI